Hola, soy Lara y tengo 18 años. Si mañana se hiciera el referéndum de la Constitución yo podría votar por primera vez, y votaría
SÍ A LA CONSTITUCIÓN
La Constitución Española resume el pacto de convivencia que firmaron los españoles, fruto de una transición ejemplar que demostró la madurez del pueblo español. La Constitución ha sido un marco que nos ha permitido superar discrepancias y articular diversidades.
Que nos ha aportado un modelo equilibrado de convivencia, que ha vertebrado España como nación plural, e integradora de su diversidad.
Y me atrevo a decir aún más. Un marco que ha hecho de España y de la Comunidad Valenciana una sociedad más libre y más justa.
Querido Presidente, es un honor para mí poder estar aquí hoy, como portavoz de mis compañeros de NNGG, de muchos compañeros que no pudimos votar la Constitución, Constitución que mañana cumple 30 años y que marcó un antes y un después en la historia de España.
Los jóvenes de hoy, vivimos el periodo de mayor estabilidad política de toda nuestra historia. Y desde aquí, quiero agradecer de parte de todos los que no pudimos votar en aquel momento, el esfuerzo y tesón de todas las fuerzas políticas que pensaron en el futuro y actuaron por el bien colectivo de nuestro país.
Gracias a esa lealtad institucional, somos un país sólidamente instalado en la normalidad democrática que ha superado todos sus conflictos históricos. Un país preparado para continuar avanzando. Para afrontar con optimismo nuevas metas, retos e ilusiones, que hasta hace bien poco ni siquiera podíamos imaginar.
Nuestra Constitución surgió de la necesidad de acuerdo entre los distintos partidos políticos y fue capaz de poner en pie en medio de fuertes aplausos a personas como Santiago Carrillo, Adolfo Suárez o Manuel Fraga ante la firma del Rey.
Ella, expresa el orgullo que todos sentimos por España, el amor por la participación en su vida cívica y la significación moral de nuestra democracia.
Las generaciones posteriores al año 78 hemos vivido momentos en fotografías antiguas, en imágenes difusas de televisión, pero no podemos dejar de estremecernos y, de alguna forma, de envidiar a aquellos que sí pudieron vivir ese momento en directo y poder decidir, tras 30 años, con el simple gesto de introducir una papeleta en una urna, que sí querían un futuro para España, un futuro de unión entre españoles, sin mirar los errores del pasado y con el único horizonte del progreso y del futuro.
No pudimos votarla, pero si hemos visto como crecía con nosotros, como una hermana más. Como afrontaba sus primeros pasos, con esos primeros tropiezos que todos tenemos cuando empezamos a andar, pero también con esa gran fuerza de voluntad de levantarse y seguir caminando hasta enderezar el rumbo. Unos nacieron a finales de los 70, con la Constitución recién aprobada y veían absortos las revoluciones que experimentaba nuestro país. La llegada de las autonomías, de los gobiernos democráticos, de las leyes que desarrollaban el Estado moderno en que se debía convertir España.
Otros nacieron en los 80, con la entrada de España en la Unión Europea, y fuimos testigos a principios de los años 90, del cambio político. El Partido Popular empezó a encabezar el liderazgo político en España, hasta lograr el Gobierno de la nación en 1996 y la mayoría absoluta cuatro años después.
Como dijo el presidente Aznar aquella noche del 12 de marzo del año 2000, “hoy empieza una nueva etapa en la historia de España”. Esa noche, 22 años después de aprobar la Constitución española, los españoles daban la confianza a un gobierno de centro reformista, consolidando la alternancia en el poder que toda democracia necesita. Y la izquierda asumió con naturalidad que había perdido las elecciones, y sobre todo que había perdido la errónea condición de ser los únicos valedores de la libertad y de la democracia en España.
Ese día fue, para aquellos que no habíamos nacido antes del 6 de diciembre de 1978, el momento histórico, que marco un antes y un después en la historia de fin del siglo XX que nos había tocado vivir.
Había llegado el año 2000, el siglo XXI, el euro, Internet y la revolución tecnológica. Los que hemos nacido ya en este nuevo siglo ya somos una generación madura en democracia, que ha crecido en una España convertida en la octava potencia mundial. Eso es nuestra Constitución, el instrumento del que ha emanado la historia de los últimos 30 años y que nos ha permitido llegar al momento de mayor progreso que ha vivido nuestra nación.
Una Constitución que ahonda en la tradición, convertida en modernidad bajo la forma de monarquía constitucional y que nos ha permitido recuperar, nuestra dignidad como nación y como pueblo valenciano dentro de la pluralidad del Estado.
Una compañera de viaje en la historia de España, que muchos acusan de caduca, anquilosada o insuficiente. Pero no nos engañemos, alguien con 30 años está en su mejor momento, y si no me creen, pregúntenselo a la constitución de los Estados Unidos, que después 220 años de historia, sigue contando con una excelente salud.
Nuestra Constitución es una garantía de que lo que se ha conseguido, pero sobre todo, sigue siendo un instrumento en el que poder desarrollar nuestro futuro.
Un futuro que presenta nuevos retos como la protección de la intimidad, de la propiedad o de los menores en los nuevos espacios que se crean alrededor de la red de redes y de las nuevas tecnologías.
La Constitución fue y sigue siendo nuestro principal argumento, frente a aquellos que no son capaces de convivir en el marco democrático, pretendiendo imponer sus ideas mediante el uso de la violencia.
Si hay una cosa que desgraciadamente une a las generaciones anteriores y posteriores a 1978, es el haber sufrido la lacra del terrorismo. Pero estoy convencida que con el esfuerzo de todos, en el futuro habrá un hecho que será fruto de todas las generaciones: la derrota de ETA. Y en esa derrota habremos tenido una compañera siempre a nuestro lado, la Constitución, garante de la ley y de la justicia en un Estado de Derecho.
Hoy, en definitiva, conmemoramos los 30 años de una amiga, de una fiel servidora de todos nosotros, de aquella que sin hacer ruido ha conseguido mucho en poco tiempo. Vendrán nuevas generaciones, pero todas ellas crecerán con la seguridad de que, por muy mal que le vayan las cosas al Estado, siempre hay alguien vigilante, alguien a quien no se le cuestiona, alguien que garantiza que podamos expresar libremente nuestras ideas, sin que por ello seamos criminalizados.
Alguien que asegura que tengamos una educación de calidad, cobertura sanitaria y un salario digno que garantice un reparto equitativo de la riqueza. Cumplirá 40, 50, 60 años, y nos volveremos a reunir, con nuestros hijos y nietos, para recordar lo que hemos logrado y para brindar porque, un 6 de diciembre de 1978, los españoles dejaron a un lado el pasado y dijeron sí al futuro, sí a la convivencia, sí a la Constitución.
Tengo 18 años y permitirme que parafraseando a Adolfo Suárez les diga: pertenezco por convicción y talante a una generación de ciudadanos, que desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación. La generación de la Constitución de 1978. Nuestra Constitución.
Lara González
NNGG Pobla de Vallbona